Tacones lejanos

Posted by Katheine Esquía on Ago 3, 2009 in Madres, Personal |

Mi mamá y yo el día de mi cumpleaños

Mi mamá y yo el día de mi cumpleaños

Cierta vez tuve una colega que me confesó haber sentido que odiaba a su madre en algún momento de su vida. Antes empezar a juzgarla, le pregunté el porqué de dicha afirmación tan fuerte y chocante, porque tengo que decir que yo siento un gran amor hacia la mía, al menos eso creo; mi colega, me confirmó que dicho sentimiento surgió cuando su madre pasaba por la menopausia y que literalmente se volvió INSOPORTABLE. Rogué en silencio que eso nunca le pasara a mi mamá y seguí adelante.

La verdad es que no mucho tiempo pasó para que viviera en carne propia lo que era tener ese encuentro de sentimientos con respecto a un ser al que desde el inicio de nuestra vida, nos han enseñado nos ama y que la debemos amar (no en vano repetimos de manera metódica “Mi mamá me ama”, “Mi mamá me mima” y “Amo a mi mamá”).

Hoy me puse a pensar en cómo me sentía yo con respecto a mi madre. Mi mamá tiene 52 años y no los aparenta (aunque en los últimos años se ha consumido un poco). Es graciosa, jovial, alegre, bondadosa, colaboradora y cocina muy bien; pero como todo ser humano tiene un defecto y muy grande, su  PESIMISMO.

Cuando decidí ser profesora (contrario a su deseo de que me convirtiera en abogada) se enojó, supongo que se sintió frustrada, y me auguró un patético y miserable futuro. Por eso no postulé a Educación, sino a Comunicación porque abogada como Laura Bozo, JAMÁS.

Muchos se preguntarán por qué no postular a Educación, si al fin y al cabo no iba a convertirme en la prometedora abogada que tanto deseaba mi madre, o al menos me estaba negando a serlo. Por una razón muy simple que tiene un sustento muy personal.

Cuando somos pequeños queremos que nuestra madre nos ame y queremos que nos lo demuestre. Pero ¿qué pasa si, por el contrario, sentimos que este ser que idolatramos quiere a otra persona más que a nosotros? Muy fácil: INSISTIMOS. Solo que mi insistencia se alargó por varios años. ¿Qué más me quedaba, si era muy distinta a ella, si es más, no parece mi mamá? (Tengo alumnos que aún insisten en que soy adoptada).

Esta necesidad de aprobación hizo que estudiara algo que no le desagradara ni a ella ni a mí. Quise equilibrio, mas no lo conseguí. La carrera no me hacía feliz, cuando quise dejarla a la mitad para seguir Educación, el casi infarto que le da a mi madre por la noticia, hizo que volviera a estudiar la tan mentada carrera. Cuando terminé llevé a mi mamá a mi graduación y hasta ahora ella tiene el anuario de recuerdo. Ella se emocionó y lloró por ese momento. Luego de un año sabático estudié Educación y finalmente cumplí lo que tanto quería. Nunca trabajé como comunicadora, siempre como profesora y ya tengo 9 años en este rubro.

Una colega me prestó una película y me vi reflejada en ella: “Tacones lejanos”. No es que mi madre estuviera lejana porque se iba de viaje, porque vivió siempre a nuestro lado y sacrificó parte de su vida en estar muy pendiente de nosotras (somos cuatro hermanas), pero la constante búsqueda de aprobación de la protagonista, es algo que yo sentí y siento (creo) aún en carne propia.

Me duele, me duele querer a mi madre porque me hace llorar. Me duele porque aunque, sé que me quiere, a veces insiste en demostrarme lo contrario. Y me molesto, porque no soy una adolescente y esto ya no debería hacerme daño, pero me lastima porque la quiero.

Mi madre es lejana a mí porque no la comprendo y ella no me comprende; lejana porque nunca será la hija mayor que tanto quiso (empezando porque nunca quiso una hija, sino un hijo); lejana porque todas mis virtudes no valen nada comparadas con mis defectos; lejana porque cuando quiero que me escuché está cansada y cuando quiero oírla, ella prefiera hablar con otra persona; lejana porque si quiero llevarla a un lugar que sé le divertirá, se detiene a ver cada defecto que encuentre; lejana porque si digo que no quiero oírla, soy indiferente; si no tengo hambre, soy una ingrata; si no consigo lo que me propongo, soy una perdedora; si quiero silencio, soy una amargada; si me preocupo en exceso por mi trabajo, soy una tonta; si le digo qué hay que hacer, soy una atrevida y si no se lo digo, soy una imprudente; si pago un gimnasio, soy una derrochadora y si me estreso por no hacer ejercicio, soy una floja; si no puedo pagar el recibo, porque no tengo plata, soy una tacaña, y también lo soy si pido que no gasten todo el saldo del teléfono en solo 20 días.

Me duele querer a mi madre porque intento no quererla y es muy difícil y en el intento solo me hago daño, porque ignorarla me quema y todo eso porque la amo, aunque ella no me lo crea.

Solo me queda respirar profundo, irme a dormir, olvidar todo y seguir adelante.

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1 Comment

babafisa
Ago 3, 2009 at 4:25 PM

useful information. It’s the best


 

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