SUSCEPTIBLE

Posted by Katheine Esquía on May 12, 2012 in Depresión |

Susceptible: Dícese de la persona que es impresionable o de fácil modificación del caracter. Quisquillosa o quejumbrosa. (www.rae.es)

Susceptible, voluble, engreída, resentida, rencorosa y vengativa, son varios de los calificativos que me han dado para señalar lo que en general considero como una simple patología por tomarme las cosas muy a pecho. Por lo que mi lánguida copa B se ve excedida en tamaño y termina siendo una doble DD… O para hacerlo más simple, tomo muy a pecho las palabras y actitudes de los demás; pero sobre todo las tuyas.

Si me miras extraño, estás enojado(a) conmigo; si no me saludas, es porque te he hecho algo; si me ignoras, porque no te intereso y si eres cortante es porque no me soportas. Las cosas las veo en negro o blanco y olvido la interminable paleta de grises que se encuentran en medio. Soy temperamental, apasionada en mis querencias y en mis odios… Por eso todo lo tomo a pecho y a veces exagero.

A estas alturas, todo lo anterior parece una simple y patética manera de excusarme sobre lo que considero uno de mis peores defectos, pero a veces es tan difícil ponerse en el lugar del otro y pensar por un momento, ¿por qué? ¿Por qué me tratas mal a mí que te he estimado tanto? Me carcome el pensamiento, las ideas y mi imaginación de desata, no entiendo qué puede haber pasado, ¿es que eres tan terrible?, ¿es que es posible que me haya equivocado tanto? Y de este patológico extremo amargo, paso a las ideas más erradas, quizá me presencia te perturba, quizá te obligas a mirarme mal para mantenerme alejada, quizá te confundo y solo te genero problemas; amargos, pero placenteros problemas.

Y así pensando, en esta madrugada de sábado, pienso que debería irme lejos, tomarme un respiro y pensar en lo difícil que es mantener el límite que autoexigí instaurar entre nosotros; porque eres demasiado, cuando quiero que seas nada, pero cada vez que te siento, me perturbo, me exalto y pierdo los cabales de mi autodominio; y me odio. Me odio porque solo eras un juego; un simple objeto que debí expulsar, un pedazo de carne, un anexo que no supe desechar.

¿Por qué siento que me controlas, cuando no tenías que ser nadie, cuando no tenías que ser nada? Insisto que debería irme, lejos, muy lejos para pensar y analizar, pero vuelvo a la realidad y soy consciente de que es inútil, porque en cuanto sienta tu presencia, mi autocontrol se irá al carajo y nuevamente me encontraré así: fastidiada conmigo misma, buscando razones para detestarte, mientras en el fondo anhelo el sonido de tu risa en mi sueño y el olor de tu perfume en mis cabellos.

Escrito bajo el efecto de dos maracuyás sours y un chilcano de limón que no estuvo tan bueno como el anhelado masco de ciruela…

 

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