Siempre Domingo…

Posted by Katheine Esquía on Ago 25, 2017 in Familia |

Mi papito y yo

Mi papito y yo

Cuando era aún niño, Domingo fue enviado a Lima desde su natal Huancané (Puno) por su padre, quien lo reconoció cuando él ya tenía cumplidos los 12 años. La tía con quien vivió unos pocos años, no lo quería y se lo hacía saber, dejándolo sin comida o botándolo de su casa. Así solo y sin conocer el amor de una familia llegó a la Punta, en donde empezó a trabajar de lo que pudiera. Fue en la Punta, Callao, donde encontró el calor de un hogar, que no era suyo, pero que lo cobijaba aunque sea de a poquito. En la Punta conoció a mi mamá y con ella formó una familia; pero es más que sabido que quien no recibe amor, tampoco sabe darlo. Durante muchos años nos pasamos la vida ignorándonos, hasta que un mes, del que no tengo memoria, del año 2000, decidió irse de casa y cambiar su destino. Su partida dejó un vacío tan grande que cada una de sus hijas nos dimos la tarea de llenar de maneras distintas. En abril del 2013, regresó, nos pidió perdón e intentó recuperar a su familia. Sé que debe haber sido muy difícil para él. Cómo le debe haber costado pronunciar palabras cariñosas para nosotras, no porque no las sintiera, sino porque no sabía cómo hacerlo. Pero se esforzó y mucho. Estos cuatro años que pasamos juntos desde que volvió me dio más abrazos que mis primeros 20 años, previos a su primera partida. Aprovechó cada momento para generar un espacio familiar y pasarlos todos juntos. Sus palabras quedas, su caminar lento, su sonrisa opaca, sus parrillas, su ilusión por querer mejorar su casa, sus deseos de conocer nuevos lugares, sus ojos sorprendidos por cada cosa nueva… Mi papá era como un niño. Un niño al que pocos comprendieron, al que muchos quisieron y al que voy a extrañar siempre.

Mi papá era un hombre inocente y bueno. Nunca hizo mal a nadie ni guardaba rencores. Nunca lo escuché maldecir o desearle mal a nadie, abusar de su tamaño u ofender a otra persona. Jamás. Mi papito era como un niño.

En momentos como estos es inevitable preguntarme por qué, por qué se fue, por qué me lo arrebataron tan pronto. Solo espero que donde esté, su corazón esté lleno de amor, ya sin dolor, sin preocupaciones, sin la nostalgia que siempre acompañó su mirada. Que sienta el amor incondicional de un padre que lo acoja, le dé calor y lo haga sentirse amado.

Los que nos quedamos aquí llorando su partida, sintiendo su ausencia, esperaremos por justicia para poder cerrar este capítulo y poder reunirnos con él, en paz.

Te amo, papito. Pronto nos volveremos a ver.

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