Empujar hasta el límite

Posted by Katheine Esquía on abr 12, 2015 in Sin categoría |

“No hay dos palabras más dañinas en el español que BUEN TRABAJO” (Terence Fletcher – Whiplash).

Hace un par de días vi Whiplash, después de que una querida amiga me hiciera prometer que la vería, pues estaba segura que me gustaría. No se equivocó. No pasaron ni 15 minutos para estar totalmente de acuerdo con el Óscar ganado por J.K. Simmons. Una gran historia, por lo que les recomiendo verla.

Algo que me gustó mucho es que me hizo analizar el rol que tenemos aquellos que formamos personas, aquellos que nos dedicamos de una u otro manera a la docencia.

Siempre me he considerado una maestra exigente, pues me opongo a aceptar la mediocridad, pero he sido condescendiente con quien lo necesitaba e incluso hasta un nivel casi maternal.

El personaje de Simmons expresa una filosofía de excelencia que ha llamado profundamente mi atención y ha hecho que me analice a mí misma, como estudiante. ¿Es que acaso no nos enseña más quien nos exige al máximo? ¿No extraemos lo mejor de nosotros mismos cuando nos encontramos sin salida? “Presiono a a gente más allá de lo que se espera de ella”, dice Terence Fletcher, un maestro tan temido como requerido, quien está convencido de que el verdadero talento no se dará por vencido nunca y buscará la perfección, aun a costa del daño personal, lo que se evidencia en la relación con su pupilo, quien no se detendrá aunque le sangren las manos. Una relación medio sádica, pero llena de respeto y admiración, mutua.

Es evidente que situaciones como estas no se presentan de manera regular en el día a día, pues, no todos buscan la perfección ni alcanzar altos estándares en su desarrollo personal. Me parece (y es una percepción muy personal) que la mayoría de personas se exige solo lo necesario para cumplir con aquello que se le requiere. Nos hemos acostumbrado a la mediocridad, hasta el nivel en se señala de abusivo a aquel que exige un poco más.

A lo largo de mi vida me he tocado trabajar con diferentes personas de diferentes edades. He tenido alumnos excelentes a quienes he exigido organización, responsabilidad y orden; características que llevan consigo en la universidad, donde buscan ser los mejores. He trabajado con personas que nunca me exigieron y siempre me dijeron “muy bien”, con quienes me sentí estancada tras un periodo; también, con personas que solo veían en su labor una manera para  sacar dinero con el mínimo esfuerzo y con otras a quienes exigí y siempre dieron la talla (raros casos, a quienes siempre tengo presente y con quienes mantengo contacto); pero entre todas ellas, quien más me ha enseñado, ha sido una jefa que me exigió tanto que me hizo desarrollar capacidades para la resolución de problemas y la organización. Definitivamente, fue quien no solo me formó, sino hizo que lograra cosas que jamás pensé posibles y a quien siempre le estaré agradecida… Y lo mejor, al más puro estilo de la sonrisa final de Fletcher (Whiplash), he sentido su aprobación.

Definitivamente, empujar hasta el límite funciona, pero no debemos esperar a que otro lo haga por nosotros, sino, ser nosotros mismos ser quien se diga constantemente, aún puedo hacerlo mejor… Solo así, se alcanza la excelencia.

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