Ebria de mar… Divagaciones

Posted by Katheine Esquía on Ene 5, 2012 in Amor |

He pasado los últimos tres días y sus dos noches frente al mar. Durante el día podía sentir su brisa, con solo dar unos pasos fuera de mi habitación; y por la noche su sonido fue tan cercano que la invitación a visitarlo fue constante.

Hoy salí a caminar por sus orillas por última vez – al menos en lo que queda de mi visita a Ecuador– y no me importó que estuviera lloviendo. El agua cálida me relajó por completo y más aún cuando me topé con una cosita extraordinaria. Ahí en la arena, moviéndose camino al mar se hallaba  una tortuga bebé. Estaba inmóvil, hasta creí que estaba muerta, pero no; estaba camino a la orilla, para seguir con su destino. ¿Habrá perdido el camino? ¿Habrá sido la última en salir de su cascarón y la habrán dejado sola? No sé… Pero fue mágico para mí, tener una entre mis manos.

Comprendo ahora la nostalgia que puede verse en varios de los cuentos de Abraham Valdelomar, ¿cómo poder vivir alejado de ello que te da tanta tranquilidad? Comprendo también porque Jaque (el único gringo que hablaba español) se pasó varios años buscando la playa perfecta para construir un nuevo hogar.

El mar despeja mis pensamientos, me atrae, enamora… No quiero alejarme, pero así debe ser. Me siento como doña Glicina que se pasó tres años, tres meses, tres semanas y tres días, esperando por la promesa dada por aquel misterioso caballero, que finalmente la llevó a conocer al Hipocampo de Oro. Cuando tuve el corazón roto, una adivina me aseguró que en cinco años, meses, semanas o días, conocería a otra persona que me rompería el corazón, pero que ese sería el último. Cinco años después conocí al innombrable con sus tres nombres y dos apellidos, me rompió el corazón y desde ahí este se ha vuelto impermeable para los hombres. No puedes entrar, pero si lo logras, tal vez no puedas salir. Me siento huachafa y es este mar el culpable. ¿Dónde estás? ¿Cómo te encuentro? ¿Es que debo buscar las huellas fosforescentes, el pez con alas luminosas y estar atenta al silbido profundo del mar?

Ya encontré una tortuga extraviada y la volví a su correcto camino. ¿Dónde está el guía que me pondrá en la senda correcta para llegar a ti?

Parto a casa feliz… Este viaje ha servido de mucho, cuando te encuentre, te sentirás orgulloso de mí.

Ya lo verás.

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1 Comment

Dally
Ene 11, 2012 at 3:12 AM

Supertierno… Sin màs que decir.

Kathy dice: A veces las palabras sobras… =O)


 

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